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Agua que no has de beber… no la dejes correr

Agua que no has de beber… no la dejes correr

Por: Julián Puig Hernández.

Recientemente un grupo de directivos del Instituto de Recursos Hidráulicos de Cuba se reunió con representantes de medios de prensa nacionales para informar sobre la situación de sequía por la que atraviesa el país.

Desde hace diez años se observa una preocupante tendencia a la disminución de precipitaciones en el archipiélago cubano, que está en estos momentos en su período más húmedo, sin embargo las estadísticas exigen agilizar la aplicación de estrategias para minimizar los daños.

Aún con la cantidad de problemas objetivos que lastran la situación, sobreviven otros de orden subjetivo que ameritan mayor prestancia.

Los herrajes, que antes eran casi nulos en el mercado, han tomado una aparición considerable como parte de la aportación del Ministerio de Industrias, pero este acápite aún no cumple las expectativas que le dieron luz. No es menos cierto que un importante volumen de agua se pierde en el interior de las viviendas por el deterioro natural que sufren estos aditamentos.

Al parecer las producciones deberán multiplicarse a tal suerte que sature el mercado y así los revendedores, mercaderes inescrupulosos, deberán desistir en su estrategia de acapararlo todo para luego expenderlo al doble o triple de su valor original.

Pero no es ocioso tener en cuenta las acciones que deberán sistematizar con mayor fuerza los agentes del orden para mantener lejos de los mercados a quienes no tienen convicción de riesgo en esta circunstancia tan particularmente preocupante para la sociedad. Se plantea, incluso, regular la venta, de manera que la oferta llegue a más personas.

El Estado, en principio, bajó los precios de un número importante de estos herrajes, pero esta laudable decisión no ha tenido todo el impacto que se esperaba debido a estos vendedores subrepticios. Ahora los inspectores deberán tomar mayores cartas en este asunto pues no pocos Vendedores por Cuenta Propia, los conocidos como cuentapropistas, expenden estos componentes industriales que están excluidos de sus competencias mercantiles.

Sin embargo hay otros sitios por donde el agua se escapa y en el cual dicen se está trabajando, aunque no con toda la intensidad que se quisiera: los salideros. Lastimosamente todavía forma parte de nuestro entorno el escape de agua por las calles debido a fisuras en las redes. Este es un particular que con las nuevas tuberías va teniendo cierta respuesta; pero debe insistirse en la calidad de la obra terminada, aún cuando esto retrase la fecha de entrega.

Los grandes consumidores industriales ya disponen de su propia estrategia, de manera que utilicen sólo el agua necesaria, pero ahí debe continuarle el sistemático control sobre esta medida para evitar que la inercia nos haga retroceder ante lo logrado.

De este basto problema, que debe enfrentarse y superarse con inteligencia, no escapa la agricultura, con embalses depauperados y necesidades alimentarias impostergables. Cada gota de agua debe estar donde haga que la tierra para.

Visto así, grosso modo, el fenómeno de la sequía no es una responsabilidad de unos pocos, sino de todos: institucional y moralmente.

Esta situación deberá servirnos de experiencia eterna, aún cuando se restablezca el régimen de lluvias y nuestros depósitos estén bien abastecidos porque el despilfarro es una palabra demasiado lesiva para nuestra eficiencia.

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