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Puertopadrense

La protesta de Baraguá, estandarte eterno

Por: Julián Puig Hernández.

Los representantes de la metrópolis vinieron confiados, traían consigo el documento que pedía, en suma, la rendición de los cubanos. Todo había sido debidamente dispuesto, de manera que a priori no pareciera una capitulación, los mambises sabían muy bien de qué se trataba.

El general Antonio Maceo no quiso, siquiera, ver aquel insulto y lo rechazó con un ademán de su brazo histórico. Minutos antes habían llegado los jinetes de ambas partes, los caballos sudorosos mantenían el brío natural de la contienda y con ello demostraban su disposición de seguir el contencioso.

Por su parte, los árboles inmensos y verdes de Baraguá, daban cobija a cientos de pájaros que alzaron su vuelo tras el atronador paso de los corceles. Algún que otro sinsonte quedó a lo lejos, improvisando melodías complicadas, afinando su trino, buscando en el sonido los colores del tocororo.

Los españoles quisieron insistir en las bondades de una propuesta que, de alguna manera, ya tenía consenso en otros agotados después de diez largos años en la manigua redentora. Pero los puntos débiles de la guerra no estaban en la falta de coraje sino en las indecisiones, la carencia de un pensamiento político lo suficientemente cohesionado. El caudillismo privaba del galope necesario hacia un triunfo que no debió esperar tanto.

Cientos de miles de peninsulares estaban en Cuba. Habían sido desplazados de otras tierras latinoamericanas que ya gozaban de los privilegios de la libertad, lo cual hizo más angosto el camino de los cubanos, pero no por ello desfallecieron las fuerzas.

Aún agobiados por las contrariedades internas no cejaban en su empeño y rechazar de plano el infame pacto significó la no abdicación y de hecho el compromiso a continuar la contienda. Fue la tregua fecunda, el espacio en el tiempo para reflexionar y dar paso a la guerra necesaria que sobrevendría luego liderada por el José Martí.

La protesta de Baraguá significa, aún en estos tiempos, la indeclinable voluntad de seguir buscando la independencia sin más cobija que la energía y el paso firme por el camino que cada pueblo se forja con su propio coraje.

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